sábado, 14 de marzo de 2026

Contemplaciones

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Un viernes como cualquier otro, caminando en una noche tranquila. El mes termina, las luces se apagan, el barrio luce más obscuro que de costumbre. El cansancio deja huella, la mira hace un paneo entre el cielo estrellado y las casas iluminadas. De ahí nace: 

 

¿En dónde se esconde la belleza cuando nadie la ve? 

  

Camino, vuelta a casa 

Una noche tranquila  

Sin viento  

Con estrellas 

Es un viernes  

Cansado de trabajar  

  

Cómo tantos otros días. 

  

El silencio  

me acompaña, 

El brillo de las luces  

Me abraza 

  

Camine mil veces este camino 

Pero hoy es más bello 

Y si tal vez la belleza esta, 

En los ojos de quien observa. 

  

 

Quizás, lo bello,  

No está en lo que viene del exterior  

Si no, 

En disfrutar del presente. 

 

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Mientras habitaba el presente, caminando en una ciudad gigante. Recorriendo pequeñas calles, observando el ambiente después de un largo día: 

 

 

Camino al atardecer por la ciudad, lentamente cae el telón de la noche. Las lucen van tiñendo las calles y los edificios de pequeñas luces. Nuevamente la claridad le gana a la obscuridad. Luces artificiales, aunque no quieren, intentan imitar al sol.  

 

Tan artificiales como las risas y las charlas animadas de aquellos nuevos seres que empiezan a habitar la noche. Muchos intentan artificialmente ser otros, con grandes, llamativos y elegantes atuendos. Otros arriesgan y muestran más piel, cómo un simbolismo de querer desnudar el alma. 

 

 El alcohol inunda los recipientes y los corazones, y estos, vacíos de cariño abrazan el aturdimiento de lo cotidiano. Muchos buscan ser lo que no se atreven, otros buscan el analgésico que calme el dolor de existir.  

 

Y así, la busca de algo diferente, se convierte en rutina.  

 

Es la rutina de la soledad de la sociedad. 

 

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domingo, 8 de marzo de 2026

Entre la paz y el silencio

La paz te muestra quién sos cuando te aceptas y aceptas el presente  

El silencio te muestra quién sos cuando no te definís. 

La paz me permite estar conmigo. 

El silencio me permite descubrirme. 

Entre la paz y el silencio 

voy aprendiendo quién soy. 

  

  

Hoy el mundo está en guerra. 

 Superpotencias, 

juguetes, 

palabras, 

átomos. 

 

Culpables e inocentes. 

Víctimas y victimarios. 

 

Cada rol  nos aleja de la paz. 


Tal vez no podamos 

alcanzar la paz mundial. 

 

Pero sí, la paz con nosotros mismos. 

 

La paz 

de la mirada ajena. 

De la envidia. 

Del deseo. 

 

Tal vez el verdadero conflicto 

no esté afuera,

sino en dejar de pelear 

con lo que somos 

 

y aprender 

a abrazarlo. 

  

 En un mundo lleno de estímulos , de luces, de notificaciones , de ruido, de consumismo , de comentarios virtuales , son como misiles cayendo en nuestro territorio. La paz y el silencio se vuelven la pequeña utopía del alma. Anhelos de momentos de plenitud. 


Escuche alguna vez sobre la cámara anecoica, donde hay tanta absorción del sonido que el único ruido que se escucha, es el de la respiración, el de los latidos. 

Y eso, se vuelve insoportable. 

  

Se dice que nadie soporta más de 45 minutos adentro. 

Cada latido se escucha fuerte y presenté. Cada respiración profunda  

  

Y se parece tanto a cuando te espero, a cuando estás por llegar.  

  

Y, se parece tanto al dolor de tu ausencia. 

Quizás no estoy preparado para habitar el silencio de tu falta.


Cuando el ruido nace de adentro como la explosión de un misil, sus reverberaciónes sacuden nuestros átomos, moviliza la Maquinaria bélica de la mente. Lanzando proyectiles de ideas y pensamientos que nos dinamitan. 


¿Donde encontraremos la paz y el silencio en un mundo así?