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Un viernes como cualquier otro, caminando en una noche tranquila. El mes termina, las luces se apagan, el barrio luce más obscuro que de costumbre. El cansancio deja huella, la mira hace un paneo entre el cielo estrellado y las casas iluminadas. De ahí nace:
¿En dónde se esconde la belleza cuando nadie la ve?
Camino, vuelta a casa
Una noche tranquila
Sin viento
Con estrellas
Es un viernes
Cansado de trabajar
Cómo tantos otros días.
El silencio
me acompaña,
El brillo de las luces
Me abraza
Camine mil veces este camino
Pero hoy es más bello
Y si tal vez la belleza esta,
En los ojos de quien observa.
Quizás, lo bello,
No está en lo que viene del exterior
Si no,
En disfrutar del presente.
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Mientras habitaba el presente, caminando en una ciudad gigante. Recorriendo pequeñas calles, observando el ambiente después de un largo día:
Camino al atardecer por la ciudad, lentamente cae el telón de la noche. Las lucen van tiñendo las calles y los edificios de pequeñas luces. Nuevamente la claridad le gana a la obscuridad. Luces artificiales, aunque no quieren, intentan imitar al sol.
Tan artificiales como las risas y las charlas animadas de aquellos nuevos seres que empiezan a habitar la noche. Muchos intentan artificialmente ser otros, con grandes, llamativos y elegantes atuendos. Otros arriesgan y muestran más piel, cómo un simbolismo de querer desnudar el alma.
El alcohol inunda los recipientes y los corazones, y estos, vacíos de cariño abrazan el aturdimiento de lo cotidiano. Muchos buscan ser lo que no se atreven, otros buscan el analgésico que calme el dolor de existir.
Y así, la busca de algo diferente, se convierte en rutina.
Es la rutina de la soledad de la sociedad.
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