Así somos, como una danza.
Entre idas y vueltas,
con movimientos ágiles y precisos,
casi medidos, casi estudiados.
Entre palabras y silencios
nos movemos,
compartiendo el aire,
compartiendo espacios.
Así somos, como una danza.
Vos queriendo irte,
yo queriendo entrar.
Somos como el sol y la luna:
se miran en el cielo, se reconocen,
y aun así no se tocan.
Se admiran.
Hay noches en que ella desaparece,
y él la busca durante el día.
Las estrellas, testigos inmutables,
saben que la vida es así.
¿Cuántos soles perseguirán
a una luna que gira en otra órbita?
Y si se encontraran,
¿él seguiría brillando de la misma forma?
Ella, ¿seguiría siendo tan bella?
¿Y si nuestra danza
fuera la razón de estas palabras?
¿Las estrellas querrían
que termine?
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