Compré esperanza.
Compré la promesa
de un futuro que no existe.
Si sabés que soy tan sensible,
¿cómo podés ser
un veneno tan dulce?
Tu sola presencia anestesia mi dolor.
Me quedo en pausa,
como si vivir pudiera esperar.
Qué crueldad deliciosa
tu mirada, tu sonrisa,
tu forma de tratarme bien.
Comparto tu sombra,
me rodea tu perfume,
y aun así el vacío
no se llena.
Hoy compré sufrimiento.
No para herirme,
no para lastimarme,
no para destruirme.
Lo compré
para reconocerme herido,
lastimado,
y vivo.
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