Pensé que me conocía.
Pero cuando te conocí,
me desconocí.
Pensé que me conocía.
Pero cuando sonreíste,
me perdí.
Pensé que me conocía.
Pero al habitar tu silencio
encontré respuestas.
Cuando seguí el camino
y apareció tu risa,
supe hacia dónde avanzar.
En la soledad de la noche
llegaste como una lluvia de imágenes
cayendo en mi mente,
y entendí que ya no estaba solo.
Cuando te vi entrar,
comenzó el día.
Cuando dejé de pensarte
y empecé a sentirte,
me sentí siendo sentimiento.
Y ahí,
volví.
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